miércoles, 31 de agosto de 2011

Verano.

Respirar.Ver los cuerpos flotar. El agua cristalina de la piscina. El sol brillando y chocando con mi piel. Intentando que los rayos se cuelen y le den algo de color a mi pálida cara. Para evitar un poco más el bronceado artificial de cuando llega septiembre. Las microgotas que mojan mis pies, la hierba más verde que nunca, la brisa que hace mover mi vestido veraniego, de florecillas. El estampado de moda. Tumbarme boca arriba en la hamaca. Y no dejar de oír el chillido de aquel niño que le pide a su madre un helado. Qué duro el verano para ellas. Y que bien me sienta a mi. Parece que las preocupaciones que sigues acumulando durante el año no se noten tanto. La tranquilidad con la que duermes por las noches, dormir con la ventana abierta y los pies tapados, y la suave transparencia de las sábanas abrazándote. Los viajes en coche con las ventanillas bajadas y las anécdotas de los viajes, que parece que sientan diferente, aunque en el espacio tiempo las ciudades no cambian, si eso, sólo mejoran.
Luego vuelves a cerrar los ojos y sigues tarareando esa canción que tan poco te gusta "la del verano" pero que has bailado hasta la saciedad en la pista de baile y te maldices por haber perdido los cascos del móvil y por no haberte comprado aquel nuevo que hace días que miras en internet. Con los 8gb de memoria interna. ¡Que estúpida te sientes! Pues esta vez las montañas no van a ir hasta Mahoma.
Respiras más hondo y te imaginas de pie frente al mar, con tus uñas pintadas, el sombrero de paja, tu bikini preferido y un cofre lleno de ilusión y sonrisas por repartir. Y las ganas de bailar entre las sombrillas de colores.
Como me gustaba el verano, y que, raro se me hace desear este año que termine de una vez.
Mucho love
Saroneh

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